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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://catalinahuanca.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>catalinahuanca</title><description/><link>https://catalinahuanca.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Bienvenido</title><link>https://catalinahuanca.blogia.com/2008/070803-bienvenido.php</link><guid isPermaLink="true">https://catalinahuanca.blogia.com/2008/070803-bienvenido.php</guid><description><![CDATA[<p>Ya tienes weblog.<br /><br />Para empezar a publicar art&iacute;culos y administrar tu nueva bit&aacute;cora:</p><div></div><ol><li>busca el enlace <strong>Administrar</strong> en esta misma p&aacute;gina. <br /></li><li>Deber&aacute;s introducir tu clave para poder acceder.</li></ol><p><br />Una vez dentro podr&aacute;s:</p><ul><li>editar los art&iacute;culos y comentarios (men&uacute; <strong>Art&iacute;culos</strong>); <br /></li><li>publicar un nuevo texto (<strong>Escribir nuevo</strong>); <br /></li><li>modificar la apariencia y configurar tu bit&aacute;cora (<strong>Opciones</strong>); <br /></li><li>volver a esta p&aacute;gina y ver el blog tal y como lo ver&iacute;an tus visitantes (<strong>Salir al blog</strong>). </li></ul><p><br />Puedes eliminar este art&iacute;culo (en Art&iacute;culos &gt; eliminar). &iexcl;Que lo disfrutes!</p>]]></description><pubDate>Tue, 08 Jul 2008 01:42:00 +0000</pubDate></item><item><title>Los tesoros de Catalina Huanca</title><link>https://catalinahuanca.blogia.com/2008/070802-los-tesoros-de-catalina-huanca.php</link><guid isPermaLink="true">https://catalinahuanca.blogia.com/2008/070802-los-tesoros-de-catalina-huanca.php</guid><description><![CDATA[<p>Varios son los autores que han querido describir a este personaje, pero la mayor&iacute;a lo ha hecho como un tema de fantas&iacute;a; como Ricardo Palma, quien ha llevado a Catalina Huanca, a los l&iacute;mites de la leyenda y su tradici&oacute;n. Es el que m&aacute;s ha inspirado y servido de fuente a cuantos han escrito sobre el tema.</p><p>La m&iacute;tica Catalina Huanca era una cacica que gobern&oacute; con mano firme y coraz&oacute;n noble las actuales ciudades de Huancayo, Concepci&oacute;n, Chupaca y Jauja durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XVIII.(1)</p><p><strong>Don Ricardo Palma</strong><br />El primero que habl&oacute; de ella fue don Ricardo Palma. <br />El tradicionalista fiel a su estilo nos cont&oacute; la historia recargada y asombrosa de una poderosa y rica mujer ind&iacute;gena, que ingresaba a Lima desde la sierra central acompa&ntilde;ada por trescientos siervos, trayendo cincuenta ac&eacute;milas cargadas de oro y plata, tesoro que despu&eacute;s repart&iacute;a entre los pobres o donaba para la construcci&oacute;n de iglesias y hospitales. <br />Esta se&ntilde;ora, descendiente de la nobleza huanca, y cuyo padrino era nada menos que Francisco Pizarro, respond&iacute;a a un sobrenombre m&iacute;tico: Catalina Huanca. Don Ricardo escribio asi .....</p><p style="text-align: center;">I<br />Los Huancas o ind&iacute;genas del valle del Mantaro contin&uacute;a a principios de siglo XI, una tribu independiente y belicosa, a la que el Inca Pachac&uacute;tec logr&oacute;, despu&eacute;s de fatigosa campa&ntilde;a someter a su imperio, aunque reconociendo por cacique a Oto Apu-Alaya y declar&aacute;ndole el derecho de transmitir t&iacute;tulo y mando a sus descendientes. <br />Prisionero Atahualpa, envi&oacute; Pizarro fuerzas al ri&ntilde;&oacute;n del pa&iacute;s, y el cacique de Huancayo fue de los primeros en reconocer el nuevo orden de gobierno, a trueque de que respetasen sus antiguos privilegios. Pizarro que, a pesar de los pesares, fue sagas pol&iacute;tico, aprecio la conveniencia del pacto; y para m&aacute;s halagar al cacique e inspirarle mayor confianza, se uni&oacute; a &eacute;l por un v&iacute;nculo sagrado, llevando a la pila bautismal, en calidad de padrino, a Catalina Apu-Alaya, heredera del titulo y dominio.<br />El pueblo de San Jer&oacute;nimo, situado a tres leguas castellanas de Huancayo y a tres kil&oacute;metros del convento de Ocopa, era por entonces cabeza del cacicazgo.<br />Catalina Huanca, como generalmente es llamada la protagonista de esta leyenda, fue mujer de gran devoci&oacute;n y caridad. Calc&uacute;lase en cien mil pesos ensayados el valor de los azulejos y maderas que obsequi&oacute; para la fabrica de la iglesia y convento de San Francisco; y asociada al arzobispado Loayza y al obispo de la plata Fray Domingo de Santo Tom&aacute;s, edific&oacute; el hospital de Santa Ana. En una de las salas de este santo asilo contemplase el retrato de Do&ntilde;a Catalina, obra de pincel churrigueresco<br />Para sostenimiento del hospital dio, adem&aacute;s, la casita fincas y terrenos de que era en Lima poseedora. Su caridad para con los pobres, a los que socorr&iacute;a con esplendidez, se hizo proverbial<br />En la real caja de censos de Lima estableci&oacute; una fundaci&oacute;n cuyo producto deb&iacute;a emplearse en pagar parte de la contribuci&oacute;n correspondiente a los ind&iacute;genas de San Jer&oacute;nimo, Mito, Orcotuna, Concepci&oacute;n, Sincos, Chupaca y Sicaya pueblecitos inmediatos a la capital del cacicazgo.<br />Ella fue tambi&eacute;n la que implant&oacute; en esos siete pueblos la costumbre, que a&uacute;n subsiste, de que todos los ciegos de esa jurisdicci&oacute;n se congreguen en la festividad anual del patr&oacute;n titular de cada pueblo y sean vestidos y alimentados a expensas del mayordomo, en cuya casa se les proporcionen, adem&aacute;s alojamiento. Como es sabido, en los lugares de la sierra esa fiesta dura de 8 a 15 dias, tiempo en que los ciegos disfrutan de festines, en los que la pachamanca de carnero y la chicha de pira se consumen sin medida.<br />Muri&oacute; Catalina Huanca en los tiempos del Virrey Marqu&eacute;s de Guadalc&aacute;zar, de cerca de 90 a&ntilde;os de edad y fue llorada por grandes y peque&ntilde;os.<br />Do&ntilde;a Catalina pasaba 4 meses del a&ntilde;o en su casa solariega de San Jer&oacute;nimo, y al regresar a Lima lo hacia en una litera de plata y escoltada por trescientos Indios. Por supuesto que en todos los villorrios y caser&iacute;os de tr&aacute;nsito, era esperada con grandes festejos. Los naturales del pa&iacute;s la trataban con las consideraciones debidas a una reina o dama de mucho cascavel, y a&uacute;n los espa&ntilde;oles la atributaban respetuoso homenaje.&nbsp;<br />Verdades que la codicia de los conquistadores estaba interesada en tratar con diferencia a la casica, que anualmente al regresar de su paseo a la sierra, tra&iacute;a a Lima (&iexcl;Y no es chirigota!) Cincuenta ac&eacute;milas cargadas de oro y plata &iquest; De d&oacute;nde sacaba Do&ntilde;a Catalina esa riqueza? &iquest; Era el tributo que le pagaban los administradores de sus minas y dem&aacute;s propiedades? &iquest; Era acaso parte de un tesoro que durante siglos, y de padres a hijos, hab&iacute;an ido acumulando sus antecesores? Esa &uacute;ltima era la general creencia. <br />&nbsp;<br />II<br />Cura de San Jer&oacute;nimo, por los a&ntilde;os de 1642, era un Fraile Dominico muy celoso del bien de sus feligreses, a los que cuidaba as&iacute; en la salud del alma como en la del cuerpo. Desmintiendo el refr&aacute;n el abad de la que canta, yanta , el buen p&aacute;rroco de San Jer&oacute;nimo jam&aacute;s utiliz&oacute; a nadie para el pago de diezmos y primicias, ni cobr&oacute; pitanza por entierro o casamiento, ni recurri&oacute; a tanta y tanta socali&ntilde;a de frecuente uso entre los que tienen cura de almas a quienes esquilmar como el pastor a los carneros<br />&iexcl; Cu&aacute;ndo yo digo que su paternidad era avis rara ! <br />Con tal evang&eacute;lica conducta entendido se est&aacute; que el padre cura andar&iacute;a siempre escaso de maravedises y mendigando bodigos, sin que la estrechez en que viv&iacute;an le quitara un adarme de buen humor ni un minuto de sue&ntilde;o. Pero lleg&oacute; d&iacute;a en que, por primera vez, envidiara el fausto que rodeaba a los dem&aacute;s curas, sus vecinos. Por esto, se dijo, sin duda, lo de :<br />Abeja y oveja<br />Y parte en la igreja<br />Desea a su hijo la vieja<br />Fue el caso que, por un oficio del cabildo eclesi&aacute;stico, se le anunciaba que el ilustr&iacute;simo se&ntilde;or arzobispo Don Pedro Villag&oacute;mez acabava de nombrar un delegado o visitador de la di&oacute;sesis.<br />Y como acontese siempre en id&eacute;ntico caso, los curas se prepararon para hechar la casa por la ventana, a fin de agasajar al visitador y su comitiva. Y los d&iacute;as volaban y a nuestro vergonzante dominico le corr&iacute;an letan&iacute;as por el cuerpo y sudaba avellanas, cavilando en la manera de recibir dignamente la visita<br />Pero, por mas que se devanaba la sesera, sacaba siempre en limpio que donde no hay harina todo es moh&iacute;na, y que de los codos no salen lonjas de tocino.<br />Rezan el refr&aacute;n que nunca falta quien d&eacute; un duro para un apuro; y, por esta vez, el hombre para el caso fue aquel en quien menos pudo pensar el cura; como si dij&eacute;ramos, el &uacute;ltimo triunfo de la varaja humana, que por tal a sido siempre tenido el pr&oacute;jimo que ejerce los oficios desacristan y campanero de parroquia.<br />Era lo de San Jer&oacute;nimo un indio que apenas pod&iacute;a llevar a cuestas el peso de su partida de bautismo, arrugado como pasa, nada aleluyado y que apestaba a miseria a trav&eacute;s de sus haraposH&iacute;zose en breve cargo de la congoja y aprenzos del buen Dominico, y una noche, despu&eacute;s del toque de queda y cubre fuego, acercose a &eacute;l y le dijo:<br />-Taita Cura, no te aflijas. D&eacute;jate vendar los ojos y ven conmigo, que yo te llevar&eacute; a donde encuentres mas plata que la que necesitas<br />Al principio pens&oacute; el reverendo que su sacrist&aacute;n hab&iacute;a empinado el codo m&aacute;s de lo que razonable<br />Pero tal fue el empe&ntilde;o del indio y tales su seriedad y a plomo, que termin&oacute; el cura por recordar el refr&aacute;n - del viejo, el consejo, y del rico, el remedio - y por dejarse poner un pa&ntilde;isuelo sobre los ojos, coger su bast&oacute;n y apoyado en el brazo del campanero, echarse a andar por el pueblo.<br />Los vecinos de san Jer&oacute;nimo entonces, como hoy, se entregaban a Morfeo a la misma hora en que lo hacen las gallinas, as&iacute; es que el pueblo estaba desierto como un cementerio y m&aacute;s oscuro que una madriguera. No hab&iacute;a, pues, que temer importuno encuentro, ni menos aun miradas curiosas.<br />El sacrist&aacute;n, despu&eacute;s de las marchas y contra marchas necesarias para que el cura perdiera la pista, dio en una puerta tres golpesitos cabal&iacute;sticos, abrieron, penetro con el dominico en un patio. All&iacute; se repiti&oacute; lo de las vueltas, hasta que empezaron a descender escalones que condicionan a un subterr&aacute;neo.<br />El indio separo la venda de los ojos del cura, dici&eacute;ndole :<br />-Taita, mira y coge lo que necesites<br />El dominico se quedo alejado y como quien ve visiones; y a permit&iacute;rselo sus achaques, h&aacute;bito y canas, se habr&iacute;a, cuando volvi&oacute; en si de la sorpresa, echado a hacer zapatetas y a cantar Uno, dos, tres y cuatro,Cinco, seis, siete, en mi vida he tenido gusto como &eacute;ste.<br />Hall&aacute;base en una basta galer&iacute;a alumbrada por hachones de resina sujetos a los pilatras. Vio &iacute;dolos de oro colocados sobre andamios de plata, y barra de este reluciente metal profusamente esparcidas por el suelo.<br />&iexcl;Pimpinela! &iexcl; Aquel tesoro era para poder volver loco al Padre Santo de Roma! <br />III<br />Una semana despu&eacute;s llegaba a San Jer&oacute;nimo el visitador, acompa&ntilde;ado de un cl&eacute;rigo secretario y de varios monagos. <br />Aunque el prop&oacute;sito de su se&ntilde;or&iacute;a era perder pocas horas en esa parroqu&iacute;a, tuvo que permanecer tres d&iacute;as, tales fueron los agasajos de que se vio colmado. Hubo toros, comilonas, danzas y dem&aacute;s festejos de est&iacute;los; pero todo con un boato y esplendidez que dej&oacute; maravillados a los feligreses<br />&iquest; De d&oacute;nde su pastor, cuyos emolumentos apenas alcanzaban para un puchero, hab&iacute;a sacado para tanta bambolla?. Aquello era de hacer perder su lat&iacute;n al m&aacute;s despierto.<br />Pero desde que continu&oacute; viaje el visitador, el cura de San Jer&oacute;nimo, antes alegre, expansivo y afectuoso, empez&oacute; a perder carnes como si lo chuparan brujas y a ensimismarse y pronunciar frases sin sentido claro, como qui&eacute;n tiene el caletre fuera de su caja.<br />Llam&oacute; tambi&eacute;n y mucho la tensi&oacute;n y fue motivo de cuchicheo al calor de la lumbre para las comadres del pueblo, que desde ese d&iacute;a no se volvi&oacute; al sacrist&aacute;n ni vivo ni pintado, ni a tener noticia de &eacute;l, como si la tierra se lo hubiera tragado.<br />La verdad que en el esp&iacute;ritu del buen religioso hab&iacute;anse despertado ciertos escr&uacute;pulos, a los que daban mayor p&aacute;bulo la repentina desaparici&oacute;n del sacrist&aacute;n. Entre ceja y ceja clav&oacute;sele al cura la idea de que el indio hab&iacute;a sido el demonio en carne y hueso, por ende regalo del infierno el oro y plata gastados en obsequiar al visitador y su comitiva.<br />&iexcl; Digo, si su paternidad ten&iacute;a motivo, y gordo, para perder la chaveta!<br />Y a tal punto lleg&oacute; a su preocupaci&oacute;n y tanto melancoliz&oacute;sele el &aacute;nimo, que se encaprich&oacute; en morirse, y a la postre le cantaron gori-gori.<br />En el archivo de los frailes de Ocopa hay una declaraci&oacute;n que presto el moribundo sobre los tesoros que el diablo le hizo ver. El maldito lo hab&iacute;a tentado por la vanidad y la codicia.<br />Existe en San Jer&oacute;nimo la casa de Catalina Huanca. El pueblo cree a pie juntillas que en ellla deben estar escondidas, en un subterr&aacute;neo, las fabulosas riquezas de la cacica, y aun en nuestro tiempo se ha hecho excavaciones para impedir que las barras se pudran o crie moho en el encierro."(2)</p><p><br />Desde entonces, la historia sobre su existencia no solo reprodujo leyendas, sino tambi&eacute;n desat&oacute; la afiebrada pasi&oacute;n de algunos mortales que dedicaron su vida a buscar los tesoros que esta mujer supuestamente hab&iacute;a dejado enterrados en la ruta que viene de Huancayo a Lima.</p><p><br /><strong>Luis Sanchez Cerro</strong><br />A&ntilde;os atr&aacute;s, el presidente Luis S&aacute;nchez Cerro hab&iacute;a sido m&aacute;s osado: convencido por su ministro de gobierno Alejandro Barco, quien estaba seguro de la existencia de entierros incaicos de Catalina en el cerro San Bartolom&eacute;, Z&aacute;rate y El Agustino, orden&oacute; una serie de excavaciones en estos lugares, a cargo de una legi&oacute;n de trabajadores pagados por el erario nacional. <br />Era 1930 y el presidente dio una resoluci&oacute;n suprema que declaraba como propiedad del Estado todos estos tesoros precolombinos. Con ello S&aacute;nchez Cerro ten&iacute;a la noble intenci&oacute;n de aliviar el d&eacute;ficit fiscal, sin embargo meses despu&eacute;s una revuelta lo sac&oacute; del poder.</p><p>Y cuando retorn&oacute; a la presidencia -v&iacute;a elecciones en 1931- trat&oacute; de reanudar la b&uacute;squeda, pero tiempo despu&eacute;s fue asesinado a la salida del hip&oacute;dromo de Santa Beatriz. <br />El presidente que lo sucedi&oacute;, el general Oscar R. Benavides, con m&aacute;s temor que tino orden&oacute; detener las excavaciones y pidi&oacute; olvidarse de Catalina Huanca. "Yo no quiero morir asesinado", le dijo a sus asesores.</p><p><strong>Antonio Inzillo</strong><br />Durante la d&eacute;cada de 1950, un viajero italiano, Antonio Inzillo, fund&oacute; una compa&ntilde;&iacute;a dedicada a esta tarea, pero despu&eacute;s de m&uacute;ltiples excavaciones tuvo que abandonar la empresa sin nada en los bolsillos.</p><p><strong>La naci&oacute;n huanca</strong><br />&iquest;Existi&oacute; realmente una mujer ind&iacute;gena rica y poderosa, en pleno dominio colonial espa&ntilde;ol, que ayudaba a indios y ayllus?</p><p>La naci&oacute;n huanca, etnia que ha jugado un papel importante en la historia peruana desde tiempos prehisp&aacute;nicos hasta su participaci&oacute;n en la Campa&ntilde;a de la Bre&ntilde;a, durante la Guerra con Chile. Justamente Andr&eacute;s Avelino C&aacute;ceres convenci&oacute; a las comunidades de la regi&oacute;n central para que se sumasen a su ej&eacute;rcito con una poderosa revelaci&oacute;n: "por mis venas corre la sangre de Catalina Huanca".</p><p>Algo que no ser&iacute;a falso, pues la madre de C&aacute;ceres, do&ntilde;a Justa Dorregaray Cueva, dama natural de Huamanga (Ayacucho) ,hab&iacute;a sido vecina y pariente por l&iacute;nea materna de la poderosa cacica Teresa Apoalaya, que seg&uacute;n todas las cr&oacute;nicas, relatos y documentos, reunidos por Aquilino Castro V&aacute;squez(3) ser&iacute;a la verdadera identidad de la famosa Catalina.</p><p><br />En realidad los Apoalaya (4) han sido una de las castas m&aacute;s influyentes de la sierra central peruana. Ellos llegaron a ostentar un gran poder pol&iacute;tico en el Hanan Huanca (Valle del Mantaro) gracias a su alianza y fidelidad con la dinast&iacute;a inca cuzque&ntilde;a. <br />Hist&oacute;ricamente apoyaron a Hu&aacute;scar en su lucha contra Atahualpa, lo que los hizo aparecer como supuestos aliados de los espa&ntilde;oles.</p><p>Tanto los Apoalaya, como otros caciques huancas, acumularon gran fortuna durante la Colonia, especialmente con la importaci&oacute;n de ganader&iacute;a desde Espa&ntilde;a, y con la formaci&oacute;n de las haciendas y obrajes. <br />Estos curacas del valle de Jauja tuvieron incluso m&aacute;s poder econ&oacute;mico que los propios espa&ntilde;oles hasta fines del siglo XVIII. Esta clase pudiente en el coraz&oacute;n de los Andes aliment&oacute; la leyenda de la rica y legendaria ciudad de Jauja. (5)</p><p><strong>La Cacica</strong></p><p>Hacia fines del siglo XVII Carlos Apoalaya, apodado El grande, ten&iacute;a m&aacute;s de setenta propiedades entre haciendas, obrajes, chorrillos, solares y casas, su riqueza era considerada como la m&aacute;s importante de la sierra central. <br />Cuando muere, en 1698, le sobreviven tres de sus siete hijos: Crist&oacute;bal, Teresa y Petrona. <br />Por tradici&oacute;n deb&iacute;a heredarlo su primog&eacute;nito, pero &eacute;ste se encontraba refugiado en Lima debido a problemas con la justicia colonial por su negativa a ser capit&aacute;n de la corona en las monta&ntilde;as del r&iacute;o Ene.</p><p>Se produjo, entonces, un vac&iacute;o de poder que fue aprovechado por Teresa, quien se hizo de las tierras de su padre, rompiendo la tradici&oacute;n patriarcal. Primero domin&oacute; la zona del Hanan Huanca y despu&eacute;s gracias a una serie de alianzas de parentesco consigui&oacute; hacerse de los cacicazgos de Hatun Xauxa y Urin Huanca.</p><p>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, Teresa renunci&oacute; a los curacazgos en favor de su hijo Blas, quien por una alianza matrimonial regent&oacute; tambi&eacute;n el poder en Lurin Huanca. <br />&nbsp;<br />Existe un expediente de t&iacute;tulos de la comunidad de Huamanmarca, donde se presenta como procuradora de los ayllus, una "...muy poderosa se&ntilde;ora Catalina Guanca"; siendo interesante que el mismo est&eacute; firmado el d&iacute;a cinco de junio de 1714, cuando era curaca principal del valle, precisamente la mencionada Teresa. Es posible entonces que "Catalina Huanca", sea un seud&oacute;nimo utilizado por ella.&iquest;Por que el seudonimo?<br />&nbsp;</p><p>En la primera d&eacute;cada del siglo XVIII, cuando no ten&iacute;a m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, "ya dominaba las tres parcialidades m&aacute;s importantes de la naci&oacute;n huanca, lo que hoy ser&iacute;an las ciudades de Huancayo, Concepci&oacute;n, Jauja y Chupaca", dice el historiador Aquilino Castro. <br />Su fortuna, a diferencia del oro y plata de la leyenda, consist&iacute;a en cinco haciendas, la de Laybe era la mayor con 23 mil ovejas, adem&aacute;s de tierras de ca&ntilde;a de az&uacute;car, trapiches, obrajes y molinos.</p><p><strong>La transformaci&oacute;n</strong></p><p>Teresa Apoalaya ejerci&oacute; su poder por cuatro d&eacute;cadas, muriendo en 1735 sin dejar testamento conocido.</p><p>Seg&uacute;n los cronistas de la &eacute;poca, Catalina Huanca falleci&oacute; a los 90 a&ntilde;os de edad en los tiempos del Virrey Marqu&eacute;s de Guadalc&aacute;zar. Su deceso caus&oacute; gran pesar y fue muy llorada por gente de todas las edades y condici&oacute;n social. A su sepelio, asistieron miles de personas.</p><p>Se cas&oacute; tres veces, tuvo tres hijos, y su &uacute;ltima boda la realiz&oacute; cuando ya bordeaba los 60 a&ntilde;os con el espa&ntilde;ol Benito Troncoso de Lira y Sotomayor. <br />Ten&iacute;a la imagen de una mujer de car&aacute;cter con los poderosos y dadivosa con los indios, en documentos registrados en los a&ntilde;os 1712, 1714, 1715 y 1717 dona gran parte de su fortuna a los ayllus de la zona.</p><p>Sin embargo, la pregunta pendiente es &iquest;por qu&eacute; Teresa Apoalaya se transforma en Catalina Huanca? Seg&uacute;n Aquilino Castro ella tomaba esta identidad durante sus viajes a Lima para evitar que su hermano Crist&oacute;bal -quien ya hab&iacute;a adoptado el nombre de Bartolom&eacute; Rodr&iacute;guez- sea identificado. <br />Y otra raz&oacute;n poderosa era su devoci&oacute;n por Catalina de Siena, su santa protectora.</p><p>Seg&uacute;n el historiador, quien don&oacute; los azulejos para la construcci&oacute;n de la iglesia de San Francisco de Lima no fue ella, como cuenta la c&eacute;lebre tradici&oacute;n de Ricardo Palma, sino su hermana menor Petronia Apoalaya.</p><p>Y como podemos suponer es probable que ella nunca haya dejado tesoros sembrados en su camino hacia Lima.</p><p>Eso s&iacute;, Laybe, su hacienda m&aacute;s importante, fue vendida en 1761 por una nieta suya a la madre del pr&oacute;cer de la independencia Jos&eacute; Baqu&iacute;jano y Carrillo, y en 1848 pas&oacute; a manos de Manuel Salazar Baqu&iacute;jano, conde de Vista Florida, como una muestra de que los tiempos legendarios de la nobleza descendiente de los incas hab&iacute;an llegado a su fin.</p><p><strong>El apellido Apoalaya</strong></p><p>Seg&uacute;n la historiadora Ella Dumbar Temple cuando T&uacute;pac Yupanqui lleg&oacute; en 1470 al valle de Hatun Mayu encontr&oacute; como jefe de la parcialidad de Llacsapallanga a Sinchi Canga Alaya. Antes de iniciar una conquista violenta, el inca le ofreci&oacute; al jefe huanca establecer una alianza estrat&eacute;gica, concedi&eacute;ndole el t&iacute;tulo de Apo, que significaba poderoso se&ntilde;or. Desde entonces el apellido aymara Alaya se transform&oacute; en Apoalaya.</p><p><strong>En Lima : El complejo Catalina Huanca</strong><br />La arquitectura Lima se distingui&oacute; por la existencia de grandes edificaciones piramidales hechas con peque&ntilde;os adobes denominados &ldquo;adobitos&rdquo;. <br />Del per&iacute;odo Lima Medio, destacan sitios como Cerro Culebras a orilla del R&iacute;o Chill&oacute;n, donde se pod&iacute;an ver pinturas murales, representando seres fant&aacute;sticos con rasgos felinos y antropomorfos. <br />Del Lima Tard&iacute;o, los asentamientos del valle medio del R&iacute;mac, como Cajamarquilla y Catalina Huanca.<br />&nbsp;<br />En la actualidad el complejo Catalina Huanca, se encuentra ubicado en el distrito de Ate-Vitarte, en la margen izquierda del r&iacute;o R&iacute;mac. Un mont&iacute;culo piramidal de grandes dimensiones, parece marcar el lugar. El centro poblado, se encuentra en una quebrada cercana.<br />&nbsp;<br />Aun se pueden obsevar construcciones con adobes peque&ntilde;os, al estilo de la Huaca Arambur&uacute; y otras edificaciones de tapial y piedra de campo. En los alrededores tambi&eacute;n queda un antiguo cementerio. Todo ello como un triste recuerdo de aquel gran personaje de leyenda.</p><p>&nbsp;</p><p><strong>Fuente :</strong><br />(1) Dominical, Lima 11/12/05 :La dama de oro<br />(2)http://es.wikisource.org/wiki/Ricardo_Palma<br />(3) historiador&nbsp; del Valle del Mantaro ,Aquilino Castro ;ha dedicado gran parte de su vida a recuperar la memoria de su tierra natal Chupaca y del Valle del Mantaro para remediar, dice, algo que repet&iacute;a su maestro en San Marcos, Ra&uacute;l Porras Barrenechea: "nuestros pueblos son ricos en historia, pero pobres en historiadores".</p><p>(4) La historiadora Ella Dumbar Temple public&oacute; en 1942 un excelente ensayo sobre esta familia en la Revista del Museo Nacional-<br />(5) Seg&uacute;n el historiador sanmarquino Carlos Hurtado Ames</p>]]></description><pubDate>Tue, 08 Jul 2008 01:41:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
